
Han pasado ya 5 años desde la última vez que tuve que estudiar con dedicación, pero el paso del tiempo no ha podido con esa ley no escrita por la cual cada vez que me toca estudiar al Ayuntamiento le da por hacer obras en la calle. Ahora mismo su aspecto es más o menos como el de una calle de Beirut, pero con un poco más de arena. En principio ya ni me molesta, estoy curtido en mil batallas de este estilo... pero en esta ocasión hay que añadir las reformas en el piso de abajo y eso ya no lo llevo tan bien. Apuntalan el techo de tal manera que parece que su intención es hacer un agujero. Con un poco más de ahínco estoy convencido de que lo lograrán, anda que no. Al menos el otro día me ayudaron a deshacerme de un vendedor a domicilio, que vio como estaba el patio, cómo temblaba el suelo, y su discursillo duró medio minuto... Un instinto de supervivencia hizo que ni siquiera insistiera para convencerme, era consciente de que si llego a aceptar el trato se habría arriesgado a quedarse 5 minutos más para concretar el acuerdo. Comprendió rápidamente que no estoy en condiciones de comprar nada cuando es probable que de un segundo para otro mi piso se venga para abajo...
Quería despedirme con un saludo afectuoso al butanero, que cada mañana pone su granito de arena en este caos de ruido.

